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Memoria Prestada

Por Crhystyann Bernal


El Drive me aseguró que mis recuerdos eran seguros. Pero hoy encontré uno que no es mío. Y ella, en él, me sonríe como si me conociera.

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En el recuerdo, ella camina hacia mí, y por un instante, siento que la conozco. Una familiaridad inquietante. Como si nuestra historia hubiera sido reescrita… o nunca hubiera existido.

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Hoy, mi apartamento olía a jazmín… un aroma que odiaba. Y mi reflejo en el espejo llevaba un collar que nunca he poseído. El Drive insiste en que todo está en orden. Empiezo a dudar de mi propia cordura.

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El Drive empezó a fallar. Fragmentos de otra vida se filtraron en mi conciencia. Recuerdos que no son míos, emociones que no me pertenecen. Una voz susurra mi nombre… pero no es el mío.

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El Drive se apaga. El silencio es absoluto. La voz de Carlota se desvanece. Cierro los ojos. Cuando los abro, ya no sé quién soy. ¿Soy Françoise? ¿O soy solo un eco de alguien que amó a Carlota?

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En un futuro donde las emociones pueden almacenarse como datos, existe un dispositivo prohibido: el Drive. Una interfaz capaz de encapsular recuerdos enteros, incluso reconstruir conciencias desde la memoria emocional de quienes las amaron.

Françoise Robineau cree ser una “Conductora de Recuerdos”, encargada de preservar los momentos más preciosos de la humanidad antes de que desaparezcan. Pero cuando empieza a encontrar memorias sin origen, perfectamente grabadas, sin anclaje a ningún usuario… la verdad comienza a filtrarse a través de las fisuras de su propia identidad.

Las calles que conoce cambian sutilmente. Personas la llaman por otros nombres. Fragmentos de canciones y palabras desconocidas la asaltan en sueños. Y en el centro de todo, Carlota: una mujer que aparece en cada recuerdo extraño, como si la estuviera guiando… o borrando.

Carlota no es una intrusa. Es la única persona que recuerda a Françoise.

Poco a poco, Françoise descubre que ella misma es una reconstrucción: el eco de una mujer real, recreada por alguien que no pudo dejarla ir. El Drive es el recipiente de ese duelo. Cada inmersión no es un rescate… sino un intento de preservar lo que ya ha desaparecido.